Entrevistamos a… Miren de Miguel

Miren de Miguel se define a sí misma como “soprano en cuerpo y alma, cabaretera de nacimiento, autora por necesidad visceral, periodista por culpa de la UPV y comunicadora y responsable de contenidos de Social Media Marketing por gusto y placer”. Casi nada. Pero no es una exageración, aunque esta cantante, autora y actriz sea de Bilbao. Ni tampoco una pose. Miren de Miguel es un tornado de energía, pasión, creatividad, optimismo, rebeldía, solidaridad, idealismo y mucha, mucha alegría. Charlamos unos minutos con esta artista #Fair. Déjate llevar por este torbellino, cual Dorothy; tal vez no llegues al reino de Oz, pero sin duda habrá magia, diversión, música y una buena lección de vida.

Fair Saturday: Supongo que si un artista nace o se hace te lo habrán preguntado muchas veces. A mi modo de ver un artista nace pero luego, además, tiene que formarse. Lo que me intriga es en qué momento decides que eres artista y que todo lo demás en tu vida sobra, en cierto modo.

Miren de Miguel: No, yo no tengo constancia de decidir ser artista porque yo creo que en verdad se nace con la necesidad de crear. Yo creo que es un leitmotiv en la vida de los artistas, lo que pasa que hay gente que tiene más o menos necesidad de estar continuamente creando; es una necesidad completamente vital pero que muchas veces se puede compaginar.

Ha venido a mí y simplemente lo he hecho; es algo que se apodera de ti y no tienes otra dirección.

Hay grandes artistas que están en coros, o dan clase de pintura o cocinan muy bien pero sólo para la familia. Yo creo que está en base a la necesidad imperiosa de crear y pensar sólo en ello, y yo no he sido consciente en ningún momento: ha venido a mí y simplemente lo he hecho; es algo que se apodera de ti y no tienes otra dirección. Y yo tengo la carrera de periodismo también pero simplemente porque necesitaba seguir formándome como humanista, para seguir creando.

FS: Entonces el momento de decir “soy artista” no fue consciente pero, el momento de decir “no quiero ser una cantante al uso” ¿fue consciente?

MM: ¡Eso sí que fue más inconsciente todavía! Porque eso viene con la personalidad. Empiezas siendo soprano, porque es tu voz natural y porque quieres cantar las grandes arias de ópera, pero de pronto te apuntas a un curso de teatro contemporáneo alternativo y estás ahí la primera, o te pones a escribir… Eso son necesidades inconscientes y ¡casi tienes que frenarte un poco!

Es el input de la personalidad de cada uno. Para mí quedarme quieta en un concierto junto al piano es más fuerte que yo. No puedo, no me sale la voz. Me acuerdo en el conservatorio, el primer año, con toda la ilusión del mundo, y me decían “no puedes mover las cejas, no puedes mover los brazos” y me entró un ataque de ansiedad, una llorera… ¿Pero cómo que no puedo mover las cejas? Lo de no ser “al uso” te viene de forma natural, no es una postura, es una necesidad.

FS: Así que tu espectáculo Tutte contro Verdi es una evolución natural de lo que tú misma eres. Explícanos un poquito cómo es este espectáculo.

MM: Forma parte de mi yo-artista y mi yo-mujer. Con lo del feminismo soy muy activista, pertenezco a una asociación que se llama Clásicas y Modernas por la Igualdad de Género en la Cultura y lo llevo en la sangre. Pienso que los prototipos de las mujeres en el arte siguen siendo los mismos y las mujeres seguimos haciendo los mismos papeles, no sólo en música sino también en otros aspectos artísticos, y siento la necesidad de decir que ya está bien: tantos estudios, tantos sacrificios para terminar encima de un escenario muriendo por amor siempre… ¡Me rebelo! Es un poco locura, sé que soy un poco suicida, lo entiendo, pero luego, por ejemplo, cuando vas al Festival de Edimburgo y te dicen “qué gran idea, nunca se ha hecho”, se te queda el alma en paz. Sé que es como meterte con cosas sagradas, pero es mi punto de vista y el artista tiene que apostar por su verdad. Luego habrá gente a la que no le guste y gente que piense que ese punto de vista es interesante, pero un artista tiene que ser verdadero consigo mismo para llegar a la gente.

Los prototipos de las mujeres en el arte siguen siendo los mismos y las mujeres seguimos haciendo los mismos papeles.

FS: Ya que nombras el Festival FRINGE de Edimburgo, que ha sido un éxito, ¿qué ha supuesto para ti, tanto en lo personal como en lo profesional?

MM: Personalmente, tratar con personas que no sólo son de ópera sino de las artes escénicas a nivel mundial te pone en contacto con gente que nunca piensas que te va a poder ver: del mundo del cine, del mundo del teatro, de la universidad, gente del teatro más contemporáneo, gente que está acostumbrada a ver los mejores espectáculos… Y que esa gente te alabe la idea y la calidad artística, por lo menos hace que vengas con el alma en paz.

No soy una soprano “al uso”, como me decías antes, me arriesgo con cosas un poco sagradas, pero me han entendido, queda justificada mi trayectoria y puedo seguir, me aceptan y me tratan como creadora. Cuando por fin tienes las famosas estrellas que te dan los críticos, es algo que te avala y te ayuda a seguir vendiendo y a seguir moviéndote. Cuando alguien te dice que lo tuyo es bueno, si te lo dice en inglés parece que vale más.

FS: ¿Crees que hoy en día un artista está socialmente y, sobre todo, institucionalmente, bien valorado?

MM: Los artistas hemos estado siempre en la eterna crisis. No recuerdo ningún momento en mi vida que no haya sido así. Yo creo que estar permanentemente en la queja no está bien. Un artista no puede estar a expensas de las subvenciones. Es cierto que un artista mueve las ánimas, da felicidad, y eso no tiene precio, pero por eso mismo hay quien lo eleva y quien piensa que no vale para nada. Yo creo que sí estamos valorados, pero no económicamente. Es decir, se nos valora muchísimo, se tiene muchísimo respeto al artista, a las palabras que te pueda decir, aunque luego se olvida que eso hay que pagarlo.

Creo que sí estamos valorados, pero no económicamente.

Como realmente el arte y el dinero no van siempre de la mano, y esa unión aquí en España no está bien regulada, cuesta dar valor a nuestros proyectos artísticos. Tienen que darle el valor que merece, lo mismo que el Guggenheim ha relanzado Bilbao, creando y cambiando el sistema económico en base al arte. Mover las ánimas, mover a la gente es un trabajo y hay que valorarlo, porque nosotros empeñamos mucho tiempo, mucho dinero y mucho esfuerzo en llegar a hacer eso encima de un escenario. Lo que tienen que hacer es valorar económicamente la capacidad que tenemos de generar riqueza también.

En un artista la generosidad viene innata, siempre estás dando de ti mismo.

FS: Y precisamente ahí estaría el espíritu #Fair. ¿Cómo te has atrevido a unirte a este movimiento Fair Saturday?

MM: La verdad es que me viene como anillo al dedo. En casa siempre me han llamado Santa Teresa de Jesús. Hasta mis hijas me preguntan si esta vez me van a pagar. Pero es que yo creo que es fácil cuando el público te va a ver poner tu nombre, tu voz, por una buena causa, por quien no puede en ese momento representarse… La verdad es que a los artistas no nos cuesta tanto como a los otros.

Tú no puedes pedirle a un empapelador o a un panadero que trabaje por ayudar a alguien, pero a un artista sí se lo puedes decir porque en un artista la generosidad viene innata, siempre estás dando de ti mismo. Y llenar las ciudades de arte es una idea que me gusta tanto que creo que se debería hacer una vez al mes. Además, mucha gente es artista y se puede poner a hacer cosas delante de los demás, e ir quitando las vergüenzas, delante de su propio grupo y en sitios reducidos. Es una idea fantástica llenar la ciudad de arte e involucrar a gente profesional, semiprofesional, gran profesional y otros que quieran hacerlo en círculos pequeños. La gente tiene que salir de sus vidas, que sólo piensan en el dinero. Nosotros también podemos mover la economía. Y si además podemos dar algo a los demás, sin duda es una gran idea.

No hay que olvidar que cambiar la actitud por medio del arte es posible.

FS: ¿Y tú con quién vas a colaborar?

MM: Aun no lo sé. Me gustaría poder becar a varios chavales sin recursos para que empiecen a estudiar música, arte, porque yo no pude empezar a estudiar hasta los 15 años porque no tenía dinero, me lo tenía que pagar yo, y es algo que llevo muy en el corazón. Y hay chavales con muchísimo talento que se lo merecen, pero muchas veces, cuando te encuentras con estos obstáculos, se te quitan las ganas y terminas canalizando tu creatividad por otro lado. Si embargo, sé que esto es complicado y también estaría bien colaborar con la Fundación Etorkintza, que lo necesitan.

En cualquier caso, no hay que olvidar que cambiar la actitud por medio del arte es posible.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *